Chimeneas de combustión lenta

El fuego que calienta tanto las chimeneas como las estufas se produce por el principio de combustión basado en el “triángulo de fuego”, en el que participan tres elementos que son esenciales: El combustible (en este caso la leña), el carburante (el aire y en particular el oxígeno que contiene), además de una energía de activación (chispa, llama,..). Gracias a la reacción química, la combustión de la madera produce calor que permite calentar el aire ambiente dentro de una cámara de combustión, además de iluminar, gracias a las llamas.
La cámara de combustión cerrada es la base del rendimiento óptimo de calefacción.

Al contrario de lo que ocurre en las chimeneas de hogar abierto, las de combustión lenta se hace en un hogar cerrado, lo que le reporta muchas ventajas, entre ellas el conseguir un rendimiento excepcional de un 80% del calor producido, en contra del reducido 15% que logran las chimeneas con hogar abierto.

La distribución del calor hacia la estancia en la que la chimenea está instalada, se hace por radiación, tanto desde la misma chimenea, como también del tubo de evacuación de humos que también ayuda a la disipación del calor. Tener en cuenta que por contrapartida toda la superficie de la chimenea estará muy caliente, con lo que hay que tener precaución a la hora de colocarla en relación a los muebles y complementos, así como para evitar entrar en contacto con ella, sobre todo en el caso de los niños.

Por último, al igual que ocurre con las chimeneas es necesario prestar atención a la leña que se usa como combustible, hay que evitar las maderas tratadas con materiales químicos o que hayan sido pintadas o barnizadas. Utilizar madera seca de variedades que garanticen una combustión lenta, para de esta manera, conseguir un rendimiento óptimo.

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